Lejos de ser una señal de rebeldía, la etapa del “no” es una fase natural dentro del desarrollo infantil que ayuda a fortalecer la autonomía, la identidad y la autoestima de los niños. En conversación con la psicóloga Catherine Guerra, especialista en neuropsicología clínica, egresada de la Universidad Santo Tomás y parte del equipo de Pequeños Encantos, nos explica cómo los padres pueden acompañar a los pequeños en este proceso.
Una etapa normal y necesaria en el crecimiento

Entre los 18 meses y los 3 años, muchos padres notan que sus hijos comienzan a decir “no” casi a todo. Aunque puede resultar frustrante, Guerra explica que se trata de una fase natural del desarrollo:
“En este momento los niños empiezan a descubrir que son personas separadas de sus cuidadores, con deseos y opiniones propias. El ‘no’ se convierte en una forma de afirmar su identidad y explorar su autonomía”, señala la psicóloga.
Más que una actitud desafiante o de capricho, es una señal de crecimiento. A través de esa palabra, los niños ensayan su independencia, aprenden a tomar decisiones y a comprender los límites en sus relaciones con los demás.
Cuando un niño dice “no”, no necesariamente está rechazando una instrucción o desobedeciendo. Según Guerra, muchas veces lo que realmente quiere expresar es: “quiero decidir, quiero explorar, necesito que me escuches”.
“En esta etapa el niño está ensayando su control sobre el entorno y comprendiendo cómo funcionan las relaciones de poder. Si los adultos lo entendemos así, podemos acompañarlo desde la empatía y no desde el enfrentamiento”, explica la psicóloga.
Errores comunes de los padres y cómo evitarlos
Uno de los errores más comunes es interpretar el “no” como una falta de respeto o rebeldía, reaccionando con castigos, gritos o discusiones. A veces los padres sienten que su hijo “no obedece” o “se volvió desafiante”, pero en realidad, lo ideal es ponerse en sus pequeños zapatos y tratar de comprender qué hay detrás de esa negativa: una necesidad de decidir, de ser escuchado o de sentirse seguro.
En el extremo contrario, ceder ante todo para evitar el conflicto tampoco es la mejor opción. Decir “sí” a todo puede parecer una forma de mantener la calma, pero en realidad puede generar inseguridad y confusión en el niño.
Guerra recomienda buscar un equilibrio:“Lo ideal es sostener límites claros, pero desde la calma y la empatía. Los adultos debemos ser el modelo, el ejemplo: si yo grito o pierdo el control, le enseño que así se resuelven los conflictos. En cambio, si mantengo la calma y doy opciones, el niño aprende autorregulación.”
Estrategias prácticas para acompañar esta etapa
La psicóloga sugiere dar opciones en lugar de imponer. Por ejemplo, en vez de decir “te vas a poner esta ropa”, se puede preguntar: “¿quieres la camisa azul o la roja?” Esto ayuda al niño a sentir que es parte del proceso y fortalece su seguridad.
También es fundamental nombrar las emociones:
“Cuando los padres dicen: ‘pareces frustrado porque no quieres dejar el juguete’, el niño empieza a reconocer lo que siente. Esa identificación emocional facilita su regulación y evita luchas innecesarias”, afirma Guerra.
El papel del jardín infantil y los docentes
En los entornos escolares, esta etapa también se vive con frecuencia. Los docentes cumplen un papel esencial en acompañar a los más pequeños desde la contención y la calma.
“Nosotros, los adultos, somos el modelo. No se trata de eliminar los ‘no’, sino de acompañarlos de manera firme y sensible. Cuando prestamos nuestra calma, el niño aprende a construir la suya”, explica la psicóloga..
El trabajo conjunto entre el jardín y la familia permite que los niños comprendan mejor los límites y aprendan a expresar sus emociones de manera respetuosa.

En conclusión
Aunque a veces esta etapa puede parecer desafiante, en realidad es una oportunidad maravillosa para el desarrollo emocional. La psicóloga Katerin explica que cuando los niños son escuchados y acompañados durante esta fase, están construyendo algo mucho más importante que una simple preferencia:
“Esta etapa es crucial para el desarrollo de la autonomía, la autoestima y la regulación emocional. Un niño que se siente comprendido y puede decidir, será más adelante un adulto confiado, empático y con habilidades para poner límites y cuidar su bienestar emociona, afirma Guerra.”
Según la especialista, aprender a decir “no” también enseña a respetar los límites de los demás, a defenderse ante situaciones injustas y a expresar desacuerdos de manera respetuosa. En otras palabras, cada “no” bien acompañado, forma adultos más seguros y sanos mañana.En Pequeños Encantos, acompañamos a los niños con empatía, contención y amor, entendiendo que cada “no” también es una forma de decir “aquí estoy, creciendo y aprendiendo”.







